El fracaso de la viuda negra.
La Renovación abandonó su rol de escort político económico del Gobierno nacional e irá al Congreso con libreta (agenda propia) del almacenero. Le fallaron los somníferos.

Me restregué los ojos cuando mire la información en el portal “InfoEmba”. La exclamación ¡Basta de circo! pronunciada por el candidato a diputado nacional Oscar Herrera Ahuad presuntamente tirriado contra las políticas que su propio partido abrazó con denuedo.
“No es un manotazo electoral” dijo sin empacho, dándonos la asombrosa noticia de que Misiones cuenta con una escultura pétrea similar a las que hay en Isla de Pascua.
“La política nacional es cerrar planillas de Excel y dejar de lado derechos”. [Se nota que hace mucho no habla con el contador Adolfo Safrán].
Resulta que hoy, como si nada hubiera pasado, la dirigencia renovadora quiere hacer tragar a todo el mundo el moco suelto del mileísmo al cual se aferró sin tapujos, flirteó a más No poder con felaciones contínuas, hasta el punto de quedar embarazada de la corriente libertaria. La ecografía del 8 de junio le anticipó un hijo bobo y ahora No lo quiere. ¡Lindo doctor!
Pero vamos por otro lado más afín a la selva política misionera.
Desde El Vecinal advertimos el agotamiento de los colores del camaleón, una muestra anti natural de que en Misiones se hace uso y desuso de tanta conversión y desacople, que el pobre animalejo político quedó exánime.
El camaleón misionero ya gastó la paleta de colores de izquierda a ultra derecha; desde la emulación de Fidel Castro con el remate ensimismado de “¡Hasta la victoria siempre!…"La gobernabilidad con gobernabilidad se paga” y el “¡Viva la libertad carajo!”
Nuestro camaleón se quedó impávido, blanco, demudado, sin matices, sin entender como se puede tener tanta duplicidad, que excede el límite de la política para ser un monigote insoportable del embuste. La gracia del camaleón es mimetizarse, esconderse pero el personero de la Renovación superó las posibilidades de la naturaleza.
Había una vez un circo…
Un payaso frente a otro se miran en espejo. Hay asombro, de repente lágrimas falsas pintadas para un tristeza que No se siente. Finalmente una carcajada a boca abierta, silenciosa, que se ahoga a propósito para que nadie escuche. El circo de la Renovación No produce fantasía. La realidad lo abruma. La claque aplaude por “quichicienta” vez la misma parodia.
Aplaude por el pan bajo la carpa.
Ríen los payasos frente a frente. En el fondo del circo, venido a menos, casi en penumbras, el saltimbanqui ensaya las últimas piruetas.
Cantemos juntos.
Afirmamos que Oscar Herrera Ahuad es harto conocido. Es harto predecible. Es harto repetido. Es harto imaginable. Joan Manuel Serrat tiene esa bella canción que dice: “Harto ya de estar harto, ya me cansé, de preguntarle al mundo por qué, por qué?…”
Aún se recuerda entre los seguidores de las cosas de la política, cuando OHA y Lalo Stellato encabezaban encuestas de sastrería paga que lo daban como el gobernador y el intendente estrella respectivamente. Toda la correa de transmisión comunicacional del gobierno renovador cotorreaba en las emisoras o imprimía sin mayores vergüenzas, el libelo rankeado por la billetera.
¿Serán los fractales de Mandelbrot, la cuántica, las nano moléculas, un engendro desconocido de la fauna política?
El fenómeno OHA es mas campechano, más simplón, pareciera. Una simple mentira impiadosa. Casi una burla desalmada que parte de la premisa de que el pueblo es estúpido.
Don Oscar sosiéguese. No es la forma de malgastar su crédito personal, la de aquel médico rural en aras de defender bastiones que No son suyos. Se lo digo en santiagueño: ¡Para qué tanto que nó!

